Revisión de un velero de ocasión 4: las velas8 min read

Aunque unas velas hayan sido bien empleadas y mantenidas, no puede esperarse que conserven una forma aerodinámica perfecta | Fotografía: Louis Vest, vía Flickr

EN COMPARACIÓN CON LO VISTO HASTA AHORA, la inspección de las velas nos llevará poco tiempo. Y podemos felicitarnos por eso, un poco de aire nos vendrá bien.


Contenido:

1. El desgaste por uso
2. La radiación ultravioleta
3. Bregando con unas telas viejas


Aunque el repaso de unas velas no es algo especialmente difícil, siempre es preferible estar familiarizado con su tacto, aspecto e incluso sonido. En cualquier caso, como regla general podemos afirmar que cuanto más rígidas y «crujientes» se perciban más tiempo les queda por delante y cuanto más distendidas y suaves las notemos antes habrá que cambiarlas.

1. El desgaste por uso

Unas velas viejas siempre son una apuesta.

Lo primero que haremos será izarlas para comprobar si se ven tensas y elásticas o dadas de sí y formando bolsas. A continuación, si hay suficiente espacio disponible cerca, las extenderemos para su examen. Y añadimos: si no hay espacio habría que buscar un lugar. Es difícil apreciar el verdadero estado de unas velas si no realizamos una inspección de este tipo, como salta a la vista viendo este vídeo.

En la vela mayor, nos fijaremos especialmente en:

  • Las vainas de los sables, una de las partes que más sufren al navegar
  • Los patines (las piezas que se deslizan por el riel del mástil) y su sistema de sujeción
  • Los puños (esquinas de las velas), por si se ven muy desgastados o presentan remiendos como el de la foto
  • Las marcas que se forman cuando se doblan y almacenan, que hacen que el tejido se desgaste
  • Las zonas alrededor de los ollaos (ojales) de los puños, por si se estuvieran elongando o rasgando

Con el génova, además de seguir las pautas generales descritas, revisaremos la zona de la baluma, que al rozar con las crucetas del palo puede llegar a rasgarse.

Distintos tipos de patines.

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2. La radiación ultravioleta

La radiación UV suele ser la principal responsable de que la vida útil de las velas llegue a su fin, pero establecer una fecha de caducidad no es tan sencillo como fijar unas horas máximas de exposición. Esta dependerá del uso más o menos intensivo que se les haya dado, de los lugares más o menos soleados por los que se haya navegado y de los cuidados más o menos atentos que se les haya prodigado; en conjunto, razones de más para conocer la historia del barco que examinamos.

En base a los materiales de los que están hechas y a los esfuerzos y agresiones a los que se vean sometidas, la radiación ultravioleta degradará las distintas zonas de las velas y sus costuras a ritmos distintos. Para conocer el alcance de esos daños las someteremos a unas pruebas y técnicas de inspección no destructivas muy sencillas.

Las costuras

Son la parte más frágil. Lo que haremos con ellas será pinzar el hilo con la uña del pulgar en distintos puntos y aplicando cierta fuerza. Si las puntadas se rompen, mal asunto, el hilo se ha quemado o «tostado», como dicen en inglés; si el hilo no se parte pero se deshilacha, entonces se está pudriendo.

La prueba de las costuras también la realizaremos con el resto de accesorios de tela: funda protectora de la vela mayor, toldo, bímini, etcétera.

La mayoría de velas y fundas están cosidas con hilo de poliéster estabilizador de rayos UV (Dacron) de distintos grosores. A pesar de su impresionante nombre, dos años de exposición a los rayos UV en los trópicos sería suficiente para debilitarlo mucho.

Existe un tipo de hilo relativamente nuevo que se ve poco afectado por los rayos UV y que está confeccionado con PTFE (Teflón). Es un poco más débil que el de poliéster cuando ambos son nuevos, aunque no tanto como para comprometer una vela, y pasado un tiempo de exposición mantiene su fuerza original mientras que el de poliéster se debilita perceptiblemente. El PTFE no se altera por la acción de la luz y se desliza con gran facilidad sobre otras superficies, por lo que quizá (y esto es una suposición, no el resultado de una prueba de laboratorio que hayamos realizado) sea más resistente a las rozaduras. Algunos fabricantes de velas lo evitan porque es más caro y difícil de usar; sin embargo, su empleo debería ser casi un mandamiento en las bandas protectoras contra los rayos UV, así como en las fundas de la vela mayor y todas aquellas telas permanentemente expuestas.

baluma

Las cargas en las velas tienden a ir paralelas a sus bordes y son mayores a lo largo de la baluma, que también se deteriora por efecto del flameo y de la consiguiente acción de los sables.

Flameo. Gif de Segler1982, vía Wikipedia
La tela

Cualquier rotura en una vela es una buena oportunidad para comprobar el daño causado por los rayos ultravioleta.

La primera prueba que realizaremos es bien sencilla, simplemente intentaremos hacer esa rotura un poco mayor (de acuerdo, esto no es exactamente una «técnica no destructiva», pero hablamos de solo un poco): si la tela cede fácilmente, algo que también dependerá de su grosor, probablemente se ha degradado.

En el caso de no encontrar ninguna rotura con la que trabajar podríamos tomar un punto y aplicar fuerza en él con un gesto de cizalla, como si quisiéramos abrir una bolsa de pipas, y ver qué tal se comporta. El problema es que probablemente no nos van a dejar hacer eso, así que tendremos que basarnos en nuestras sensaciones y en un segundo método de evaluación:

La prueba de luz

Para la prueba de luz extenderemos la vela, idealmente en un día soleado. Caminaremos por debajo y miraremos el cielo a través de ella: la luz será mayor allí donde la vela se haya desgastado por efecto de los rayos ultravioleta y la fatiga del material. Esas variaciones no significan necesariamente que estemos ante un problema irresoluble, pero sí que tenemos que comprobar el alcance de los daños. Si la tela ha adelgazado, la textura es demasiado suave y hay puntitos de luz que la atraviesan estamos ante una vela deteriorada que puede rasgarse con mayor facilidad.

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3. Bregando con unas velas viejas

rayos ultravioleta
Reparar una costura puede ser un esfuerzo y un gasto inútil si todo el hilo está degradado y a punto de fallar.

Las velas duran mucho tiempo si se cuidan debidamente y las viejas pueden remendarse y someterse a reparaciones menores. Incluso se pueden volver a cortar para acercarlas a su forma original (la deformación de las velas puede hacer que un barco escore y zozobre más de la cuenta, por ejemplo) lo que es mucho más barato que reemplazarlas. En cualquier caso, con eso no conseguiremos ningún milagro y el desgaste que llevan encima no se lo quita nadie. Además, una vela no es lisa; de hecho, una de las dificultades del oficio de velerista consiste en saberle dar una correcta forma tridimesional, algo que en parte se perderá cuando la recortemos. A partir de aquí, cada cual sabe qué plan de navegación tiene en mente: dependiendo del uso que demos al velero esta forma de alargarles la vida puede tener sentido.

Y ahora una opinión que puede ser dicutible

Está claro que todos queremos que aquello por lo que pagamos sea seguro y funcional, pero en el caso de que adquiramos nuestro primer barco con la intención de aprender a navegar y solo tengamos previsto realizar salidas de un día o poco más, siempre podemos adaptarnos a ir algo condicionados por unas velas viejas a cambio de ahorrarnos un dinero. Eso tiene la ventaja añadida de que nuestras primeras meteduras de pata las pagarán unos trapos que ya tienen poco que perder, aunque está claro que en algún momento tendremos que invertir en unas velas nuevas o seguir en modo ahorrativo y animarnos a hacerlas nosotros mismos, pero esa es otra historia

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