Todos tenemos un pasado: la historia de un barco usado3 min read

UN VELERO DE OCASIÓN NO HA ESTADO ESPERANDO inmaculado la llegada del patrón de sus sueños, de modo que nos conviene saber algunas cosas acerca de su pasado. Aquí abordamos algunos de los elementos a considerar para reconstruir su historia y esquivar en lo posible los grandes pecados capitales en los que podemos caer al adquirir un barco usado.

¿Qué astillero lo construyó?

La fabricación de un casco de fibra de vidrio debe realizarse bajo ciertas condiciones ambientales de humedad, temperatura, etcétera. Cuando nos dispongamos a comprar un barco de ocasión nos conviene saber qué astillero lo construyó y preguntar por ahí acerca de la calidad de su trabajo. Internet y sus foros están para eso.

¿Desde cuándo es propietario del barco el actual dueño? ¿Cuántos dueños ha tenido y qué tipo de gente eran?

Podríamos encontrarnos con un grupo de amigos que compraron un barco usado para irse un año a la aventura y que de vuelta lo venden para recuperar parte del dinero. Sin duda habrá sido un barco muy divertido, pero podemos sospechar que no el mejor mantenido.

¿Quién se encargó de su cuidado y renovación?

Hay trabajos que deben dejarse en manos de profesionales. Por ejemplo, las filtraciones en cubierta pueden estar causadas por el sellado deficiente de las sujeciones de los diferentes accesorios instalados en ella, como winches, mordazas o cadenotes. Siempre hay más posibilidades de que algo haya salido mal si esos elementos no venían de fábrica sino que fueron colocados por alguno de los antiguos propietarios.

¿Dónde y cómo pasó el barco los inviernos?

El núcleo de madera de la cubierta puede pudrirse si entra en contacto con el agua, y ese daño se verá multiplicado por los distintos ciclos de congelación y descongelación por los que habrá pasado un barco amarrado en un lugar muy frío en invierno. Este tipo de daños causados por el hielo también pueden afectar a otros puntos donde el agua quede atrapada, como el casco.

¿Fue usado como vivienda?

Una embarcación de fibra que pase 4 o 5 meses al año en la marina seca será mucho menos vulnerable a la hidrólisis que otra continuamente en activo, que tendrá muchos números para presentar problemas de humedades.

Aunque un barco empleado como vivienda seguramente habrá recibido más atenciones y más continuadas que otro para uso recreativo, también es cierto que su casco habrá estado más expuesto a la hidrólisis, así que habrá que examinarlo con especial atención.

Una embarcación que haya estado en la marina seca fuera de temporada habrá estado mucho más a salvo de este proceso y su armador habrá dispuesto de tiempo para inspeccionarla y sanearla.

¿Cuánto, cómo y por dónde navegó?

Cuanto más haya navegado un barco más desgastado estará todo su equipo, lo que también guarda relación con los lugares en los que estuvo y su plan de navegación. En el caso de las velas, por ejemplo, la radiación ultravioleta suele ser la gran responsable del fin de su vida útil, y ese grado de radiación dependerá de su área de navegación. También estarán más castigadas, al igual que todo el aparejo, si el barco ha participado habitualmente en regatas.

Otras preguntas que podemos hacer al vendedor son:

1. ¿Cuántas horas de funcionamiento acumula el motor?

2. ¿Con qué frecuencia se ha usado el barco?

3. ¿Qué problemas ha tenido el barco?

4. ¿Por qué lo vende?

Esta última es la pregunta que todo comprador hace y que todo vendedor espera que le hagan. Para ir sobre aviso sobre lo que nos podemos encontrar hemos preparado una entrada sobre los trucos y respuestas preparadas de los vendedores.

 

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